Suc de sindria o más allá del solo sí es sí

“Quería dedicárselo a todas las supervivientes y hacer un recordatorio de que estas mujeres tienen derecho a hacer ruido, tienen derecho a triunfar, tienen derecho a coger espacio en el mundo, a disfrutar de la vida, a disfrutar de su cuerpo, tienen derecho a correrse y tienen derecho a ser quienes ellas quieren ser”.

Cuando veo por la tele que el público en el Martín Carpena aplaude y vitorea el discurso de la premiada directora de Suc de síndria, Irene Moray, casi sin dejar terminarla de hablar, sin tener tiempo de reflexionar acerca de sus palabras, me pregunto si la sociedad española está preparada para entender exactamente a qué hacen referencia sus palabras.

En España se denuncia una violación cada seis horas y el número de casos no ha dejado de aumentar en los últimos meses. Manadas, violencia sexual en el trabajo, al volver de fiesta, en el deporte. Sin embargo, las mujeres a las que nos ha tocado empoderarnos en el contexto de la cuarta ola, que nos hemos sentado a hablar con nuestras semejantes hace apenas unos años, sabemos que la violación es, en innumerables ocasiones, un acto cotidiano que la víctima -o como dice Moray, la superviviente- tarda tiempo en digerir que ha sufrido, principalmente por dos razones: la primera es que el agresor es un familiar, un amigo o la propia pareja; la segunda, que la violencia suele ser menos explícita y estar más basada en una ausencia de consentimiento o de deseo, a veces en una burda manipulación emocional, que en la violencia física.

En España se denuncia una violación cada cinco horas.

TIROIDECTOMÍA

El cirujano me recibe de pie y me estrecha la mano, casi con ternura. Me aparta el pelo y me examina la herida, pero no me mira. Vuelve a su mesa, teclea, ladea la cabeza, sonríe y, ahora sí, clava sus ojos en los míos:

-Es benigno

Mi madre respira y me acaricia la rodilla. El médico nos regala unos segundos de intimidad, mientras busco un trozo de papel y un lápiz. De buen humor, me dibuja -por enésima vez- un cuello y, en el centro, la tiroides abrazando a la tráquea.

-¿Ves? Es una glándula con forma de mariposa. Tu nódulo estaba aquí -rodea sus propios trazos- y yo corté por aquí, y cosí aquí…

No le escucho. Yo ya sé que me tragué unas mariposas: las noté bajar aquel día y luego instalarse en mi estómago y mucho más tarde salir, poco a poco. También sé que me quedaba una

dolorosamente atravesada en la garganta.